• Diego Gómez Pickering

Guadalupe, reina (mexicana) de España por derecho propio


Este mes, la Diputación de Sevilla publica la segunda edición de “Sevilla guadalupana. Arte, historia y devoción” del investigador andaluz Francisco Montes González, catedrático de la Universidad de Sevilla y especialista en arte y sociedad virreinal americana. El libro, una acuciosa revisión de la longeva presencia de la advocación mariana venerada en México en la capital de Andalucía, apareció por vez primera hace tres años; de tiraje robusto para una publicación de estricto ámbito académico, sorprende que en un lapso tiempo tan fuera de lo habitual logre alcanzar una nueva edición. Y sorprende no solamente por tratarse de un libro de tal lid sino por dar un lugar protagónico a la Guadalupe americana en la tierra de su madre, antecesora y origen, la Guadalupe extremeña.

Pero el ejemplo del libro del señor Santos no es aislado sino en todo caso sintomático de un fenómeno muy pocas veces abordado, el de la reconquista espiritual. Aquella emprendida por Nuestra Señora de Guadalupe del Tepeyac en tierras españolas. Conforme nos acercamos al día doce de este mes y en todo México y gran parte de los Estados Unidos, se preparan cofradías, pueblos y parroquias para celebrar un aniversario más de las presuntas apariciones de la virgen María al indígena náhuatl Juan Diego en el cerro del Tepeyac, en la hoy Ciudad de México, en 1521; es momento oportuno para detenernos unos momentos y reconocer algo que lleva siendo evidente por muchos años. El extenso reinado que esa representación guadalupana tiene en toda la península, lo que constituye un claro, pero no necesariamente reconocido triunfo del “poder suave” mexicano en España.

Si bien la veneración a la imagen de la virgen de Guadalupe, también morena, inicio en el pequeño pueblo de Cáceres desde el siglo catorce, llegando a tener entre sus fieles a la mismísima Isabel La Católica, que de acuerdo con crónicas de la época visitó el santuario mariano en más de veinte ocasiones; hoy, por mucho la veneración en toda España se ha trasladado a su heredera y tocaya, la Guadalupe mexicana. Sí, no es casualidad que Hernán Cortés, quien este año cumple medio milenio de haber arribado a las costas mexicanas de Veracruz, fuese extremeño, de Medellín para ser precisos, ni que estuviese vivo y presente durante los años posteriores a la presunta aparición de la virgen María en los valles centrales de México. Sin duda, el nombre de Guadalupe llegó a la entonces Nueva España quizá de su mano. Hoy, en cambio, el mismo nombre, en toda España, no se aduce de forma alguna sino es por su raíz, profundamente, mexicana.

Del templo de la Concepción en la barcelonesa calle de Aragón a pequeñas parroquias de indianos en Asturias y Cantabria, pasando por la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, obra del magistral Félix Candela, en la capital española y, por supuesto, sus repetidos referentes por toda Sevilla, como documenta el libro de Montes, la Guadalupe mexicana lleva mucho tiempo siendo la verdadera reina (mexicana) de España.

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Diego Gómez Pickering es corresponsal para África Subsahariana del semanario mexicano Proceso. Es diplomático, periodista y escritor. Doctorando en Diplomacia y Relaciones Internacionales por Euclid Univesity y maestro en Desarrollo Cultural por la Universidad de Columbia en Nueva York, EE.UU. su libro más reciente es Diario de Londres (Taurus, 2019).

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