• José Ramón Santillán Buelna

España pierde un 44% de estudiantes mexicanos


Durante años España para los mexicanos fue una opción segura para realizar estudios de posgrado o un intercambio académico. En la actualidad, esta elección ha perdido interés entre los estudiantes. Según datos del Portal de Inmigración, mientras que en 2008 se contabilizaron 5.272 mexicanos con autorización de estudios, en 2017 las cifras descendieron a 2.953.

En 2014, las investigaciones que realizaba en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid señalaban que los estudiantes mexicanos elegían una universidad española por el idioma, porque con el título de licenciatura podían acceder a estudios de maestría y doctorado. Además, el precio de la matrícula y vivir en España estaba al alcance de muchos que venían becados por alguna institución mexicana o pertenecían a la clase media alta.

En ese año contabilizamos 3.184 estudiantes, una disminución de 2.188 con respecto a 2008. Con estos datos ya apuntábamos a que el grupo de alumnos mexicanos se reducía cada año. Hoy podemos confirmar que en casi una década (2008-2017) España ha perdido un 44% de universitarios procedentes de México.

De acuerdo a datos del Observatorio de México en España (www.obsmex.com) este descenso se ha visto afectado principalmente por tres razones: a) el aumento del precio de las matrículas –se pasó de pagar 1.800 mil euros a casi 8.000-; b) la crisis económica en España que incrementó el costo de la vida, principalmente el del alquiler de vivienda; c) la asignación de becas por parte de Conacyt y de otros organismos internacionales, en función de los rankings mundiales de universidades. De los 86 centros españoles, sólo la Universidad Pompeu Fabra está situada entre las mejores 300 del Academic World Ranking.

El grupo de estudiantes mexicanos que venía a España tenía muchas consecuencias positivas: satisfacer la oferta de posgrados de las universidades, sobretodo después de la crisis económica que había disminuido mucho la matriculación de alumnos locales.

También contribuían al desarrollo de especialidades en los estudios de maestría y doctorado; fomentaban nuevos puestos de trabajo para profesores, y fortalecían el desarrollo de la investigación en áreas de interés común para ambos países.

En términos de soft power o poder blando de México, la actividad académica e investigadora de los estudiantes transmitía una imagen positiva del país, apoyada en valores de ser personas cualificadas, profesionales y talentosas.

El descenso de estudiantes mexicanos permite entrever que la Universidad española está dejando de ser atractiva tanto para realizar un posgrado como un intercambio académico. Aunque España sigue siendo el segundo destino para estudiar, después de Estados Unidos, la presencia de alumnos aztecas disminuye cada año como muestran los datos que hemos presentado en este artículo.

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